El envejecimiento, es
una etapa natural dentro del desarrollo evolutivo de todos los seres humanos.
Sin embargo, en el caso de las personas con discapacidad mental, este periodo
va a presentar características particulares, que le son propias.
Estas características
van a estar determinadas, en un pequeño porcentaje, por cuestiones biológicas derivadas
del diagnóstico médico de estas personas, y en mayor medida por factores
socio-culturales, sanitarios, vinculares y educativos.
Como siempre, la
prevención es la mejor opción, ya que se garantizará una mayor calidad de vida, teniendo en cuenta aspectos como el bienestar emocional,
las relaciones interpersonales, el bienestar material, el desarrollo personal,
el bienestar físico, la autodeterminación, la inclusión social y el ejercicio
de los derechos, lo cual se halla contemplado
en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y su
protocolo facultativo.
Se presenta en las
personas con discapacidad intelectual una paradoja. Así como en su infancia,
adolescencia o juventud, “demoran” mucho más que sus pares no discapacitados en
progresar y alcanzar los hitos del desarrollo evolutivo esperables a cada
momento cronológico (algunos no los lograrán nunca), envejecen mucho más rápido
y se deterioran intelectualmente con mayor facilidad.
Es por esta razón,
que a partir de los 45 años aproximadamente, es sumamente beneficioso que la
persona con discapacidad cuente con acceso a diversas actividades que estimulen
su intelecto, su desarrollo personal, y que la mantengan activa física y
mentalmente.
Algunas actividades a
considerar serán: talleres de arte, danza, expresión corporal, educación
física, música, estimulación cognitiva, etc. Por supuesto, contemplando las
preferencias de la persona con discapacidad, dado que estas actividades deberán
representar un espacio de placer y realización personal y no una obligación
impuesta por otros.
Por otra parte, la
constitución de redes de sostén afectivo y social se tornará imprescindible
para asegurar el bienestar psico-emocional de estas personas. Estas redes
estarán conformadas por sus familias, sus amistades y por lugares de
pertenencia tales como grupos de pares en centros de día, iglesias,
asociaciones, etc.
Un entorno que ofrece
estímulos y actividades saludables ayudará a impedir o retardar el desarrollo
de la apatía y la inmovilidad.
El aislamiento y el
retraimiento alientan el deterioro y aminoran los intereses. Desgraciadamente,
todas aquellas habilidades que se pierdan por falta de estímulo o atención, difícilmente
se recuperen después.
Así mismo, el acceso
a una atención médica de calidad, a terapias ocupacionales y/o de
rehabilitación, permitirán sostener en el tiempo un estado de salud óptimo.
No menos importantes
serán las actividades de recreación y esparcimiento, especialmente aquellas que
impliquen compartir tiempo con sus seres queridos, que fomenten los vínculos
afectivos y reaseguren la estabilidad emocional de las personas con
discapacidad. Se incluyen en estas actividades: festejos y reuniones
familiares, salidas a eventos culturales y/o recreativos, viajes y/o paseos con
integrantes de la familia o amistades.
La inclusión social y
afectiva contribuirá a la salud psíquica y a la prevención de trastornos de
conducta de las personas con discapacidad mental.
El envejecimiento de
la persona con discapacidad intelectual, no debería diferir demasiado del
envejecimiento de sus pares sin discapacidad sí, como se mencionara con
anterioridad, se toman medidas salutogénicas con respecto a su futuro.
Por último, no se
debe olvidar lo que señala la OMS (Organización Mundial de la Salud) con
respecto a la definición de discapacidad:
…”
La discapacidad es un
fenómeno complejo que refleja una interacción entre las características del
organismo humano y las características de la sociedad en la que vive”…
Aquello
biológicamente determinado (la discapacidad intelectual en este caso), incidirá,
en mayor o menor medida, en el bienestar de la persona con discapacidad de
acuerdo a los apoyos con los que cuente. Acceder a la asistencia que le asegure
un desarrollo pleno es un derecho que tienen las personas con discapacidad.
Proveérsela, es una obligación que tenemos todos los que conformamos ésta
sociedad.
Psicopedagoga. S. Beatriz Vallarino.
Bibliografía:
* Rodriguez, P.; Carpintero, A. y otros. Discapacidad y envejecimiento. Escuela
Libre Editorial. Madrid, 2003.
* http://www.who.int/disabilities/world_report/2011/es/index.html.