domingo, 11 de noviembre de 2012

Las personas con discapacidad intelectual y su envejecimiento



El envejecimiento, es una etapa natural dentro del desarrollo evolutivo de todos los seres humanos. Sin embargo, en el caso de las personas con discapacidad mental, este periodo va a presentar características particulares, que le son propias.
Estas características van a estar determinadas, en un pequeño porcentaje, por cuestiones biológicas derivadas del diagnóstico médico de estas personas, y en mayor medida por factores socio-culturales, sanitarios, vinculares y educativos.  

Como siempre, la prevención es la mejor opción, ya que se garantizará una mayor calidad de vida, teniendo en cuenta aspectos como el bienestar emocional, las relaciones interpersonales, el bienestar material, el desarrollo personal, el bienestar físico, la autodeterminación, la inclusión social y el ejercicio de los derechos,  lo cual se halla contemplado en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y su protocolo facultativo.

Se presenta en las personas con discapacidad intelectual una paradoja. Así como en su infancia, adolescencia o juventud, “demoran” mucho más que sus pares no discapacitados en progresar y alcanzar los hitos del desarrollo evolutivo esperables a cada momento cronológico (algunos no los lograrán nunca), envejecen mucho más rápido y se deterioran intelectualmente con mayor facilidad.
Es por esta razón, que a partir de los 45 años aproximadamente, es sumamente beneficioso que la persona con discapacidad cuente con acceso a diversas actividades que estimulen su intelecto, su desarrollo personal, y que la mantengan activa física y mentalmente.
Algunas actividades a considerar serán: talleres de arte, danza, expresión corporal, educación física, música, estimulación cognitiva, etc. Por supuesto, contemplando las preferencias de la persona con discapacidad, dado que estas actividades deberán representar un espacio de placer y realización personal y no una obligación impuesta por otros.
Por otra parte, la constitución de redes de sostén afectivo y social se tornará imprescindible para asegurar el bienestar psico-emocional de estas personas. Estas redes estarán conformadas por sus familias, sus amistades y por lugares de pertenencia tales como grupos de pares en centros de día, iglesias, asociaciones, etc.
Un entorno que ofrece estímulos y actividades saludables ayudará a impedir o retardar el desarrollo de la apatía y la inmovilidad.
El aislamiento y el retraimiento alientan el deterioro y aminoran los intereses. Desgraciadamente, todas aquellas habilidades que se pierdan por falta de estímulo o atención, difícilmente se recuperen después.
Así mismo, el acceso a una atención médica de calidad, a terapias ocupacionales y/o de rehabilitación, permitirán sostener en el tiempo un estado de salud óptimo.
No menos importantes serán las actividades de recreación y esparcimiento, especialmente aquellas que impliquen compartir tiempo con sus seres queridos, que fomenten los vínculos afectivos y reaseguren la estabilidad emocional de las personas con discapacidad. Se incluyen en estas actividades: festejos y reuniones familiares, salidas a eventos culturales y/o recreativos, viajes y/o paseos con integrantes de la familia o amistades.
La inclusión social y afectiva contribuirá a la salud psíquica y a la prevención de trastornos de conducta de las personas con discapacidad mental.

El envejecimiento de la persona con discapacidad intelectual, no debería diferir demasiado del envejecimiento de sus pares sin discapacidad sí, como se mencionara con anterioridad, se toman medidas salutogénicas con respecto a su futuro.

Por último, no se debe olvidar lo que señala la OMS (Organización Mundial de la Salud) con respecto a la definición de discapacidad:

…” La discapacidad es un fenómeno complejo que refleja una interacción entre las características del organismo humano y las características de la sociedad en la que vive”…

Aquello biológicamente determinado (la discapacidad intelectual en este caso), incidirá, en mayor o menor medida, en el bienestar de la persona con discapacidad de acuerdo a los apoyos con los que cuente. Acceder a la asistencia que le asegure un desarrollo pleno es un derecho que tienen las personas con discapacidad. Proveérsela, es una obligación que tenemos todos los que conformamos ésta sociedad.
 
                                              Psicopedagoga. S. Beatriz Vallarino.



Bibliografía:
 
* Rodriguez, P.; Carpintero, A. y otros. Discapacidad y envejecimiento. Escuela Libre Editorial. Madrid, 2003.
* http://www.who.int/disabilities/world_report/2011/es/index.html.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Maestros/as Integradores/as. La importancia de su rol



¿Qué es una maestro/a integrador/a (MI)?

Se trata de profesionales formados en salud mental y en pedagogía que acompañan al niño, adolescente o joven con discapacidad dentro del ámbito escolar, favoreciendo y facilitando el aprendizaje y la inclusión social de estos alumnos dentro del sistema educativo común.

¿Quiénes pueden desarrollar esta tarea?

Psicopedagogos/as, Maestros/as de Educación Especial, Psicólogos/as (que hayan cumplimentado formación pedagógica), Terapistas ocupacionales.

¿Cuál es su rol?

Su rol, sumamente importante en la escolaridad de los niños, adolescentes y jóvenes con discapacidad, será el de acompañar al estudiante en su inserción escolar, adecuando pedagógicamente contenidos escolares (adecuación curricular) en el caso de ser necesario, y facilitando y estimulando la conformación de vínculos sociales dentro del ámbito escolar que trasciendan los muros del mismo.
* Actuará como fuente de información para el docente del aula, tanto en lo referente a las características específicas del niño a integrar, como de los recursos pedagógicos necesarios para lograr los mejores resultados en su escolarización.
* Se encargará del seguimiento y evaluación permanentes del caso.
* Llevará a cabo reuniones periódicas con el equipo escolar y con terapeutas externos del niño, con el fin de aunar criterios de acción.
* Realizará informes regulares en los que se fijen objetivos a cumplir y estrategias que utilizará para alcanzarlos. 
* A fin del año escolar, emitirá un informe final en el que se asienten claramente objetivos cumplidos y aquellos ítems en los que se necesita continuar trabajando.


Las adecuaciones curriculares pueden ser de acceso:


Implica todas las modificaciones de acceso al contenido escolar, no así al contenido en sí mismo.

Por ejemplo:

En el caso de dificultades visuales y/o motrices:

·        *  Aumentar el tamaño de la letra del material impreso ofrecido al estudiante con dificultades visuales.
·         * Ampliar el espacio en el cual el estudiante va a escribir su repuesta en el caso de dificultades motoras.

En caso de dificultades en la memoria o en la atención:

·         * Fichas de paso a paso en caso de problemas de memoria.
·         * Se asigna la tarea por partes, con indicaciones claras y concretas en casos de labilidad atencional.

El o la MI prestará atención a:

·         * La conformación de grupos de trabajo que actúen de facilitadores para el niño, adolescente o joven integrado.
·         * La ubicación en el espacio áulico, de modo tal que favorezca la participación, el acceso al material de trabajo, y disminuya, lo más posible, los distractores (visuales o auditivos) que pudieran interferir en el aprendizaje.
·         * Situaciones que puedan derivar en acoso escolar (bullying), en las cuales actuará de mediador/a.
·         * La necesidad de solicitar adecuaciones edilicias y/o de equipamiento que aseguren al estudiante el pleno acceso a las actividades y aprendizajes. 


Pueden ser adecuaciones curriculares de contenido:


Comprende todos los cambios que se hagan en los contenidos escolares y/o en la planificación.

Estos cambios pueden involucrar:

·         * Disminuir la cantidad de contenido a aprender (se trabaja sobre los contenidos mínimos de cada asignatura).
·         * Bajar la exigencia académica para la acreditación escolar.
·         * Modificar la metodología de evaluación (por ejemplo: en lugar de ser escrita, que sea verbal).
·         * Eliminar y/o readecuar algunos contenidos, modificando al mismo tiempo el modo de certificación de los aprendizajes (título diferenciado según modalidad escolar de cada lugar).


Además de lo enumerado anteriormente, los/las MI, trabajarán estimulando la autonomía del alumno tanto en lo académico como en lo social.

Esto incluye:

·         * Ser el referente del alumno en todo momento. Para ello, el o la MI deben conocer a fondo las necesidades específicas del alumno con el que se hallan trabajando. Ser profesionales respetuosos del alumno y su familia. No prometer lo que no puedan cumplir. Ser consecuentes con sus palabras, y sobre todo, poner mucho amor en su tarea.
·         * Acompañarlo en los procesos de aprendizaje de higiene personal.
·         * Estimular la autonomía a la hora de quitarse o colocarse abrigos, calzado, mochila, búsqueda de útiles escolares, etc.
·         * Actuar como facilitador en el establecimiento de relaciones interpersonales con pares y docentes, propiciando experiencias que le permitan al alumno interactuar con otros. Al paso del tiempo, es importante que se permita al niño, adolescente o joven interactuar solo, respetando su intimidad e independencia.
·         * Actuar como fuente de información para el docente del aula, tanto en lo referente a las características específicas del niño a integrar, como de los recursos pedagógicos necesarios para lograr los mejores resultados en su escolarización.
·         * Realizar el seguimiento y evaluación permanente del caso.
·         * Llevar a cabo reuniones periódicas con el equipo escolar y con terapeutas externos del niño, con el fin de aunar criterios de acción.
·          * Conversar con el estudiante, previo a un intercambio en clase, para ayudarlo a organizar su discurso, estimulándolo a participar activamente de la clase y actuando de apoyo sólo si lo necesita (dar tiempo a que verbalice lo que quiere decir, aún cuando se trabe un poco y el o la MI sepa lo que quiere decir).
·         * Actuar como auxiliar organizador, ayudando al estudiante a llevar una agenda de sus actividades escolares (y sociales en caso de ser necesario), para evitar olvidos y/o confusiones.
·         * Conocer o capacitarse en el uso de sistemas aumentativos de la comunicación en caso de que el niño, adolescente o joven con el que trabajan lo requiera.

                                                 Psicopedagoga S. Beatriz Vallarino.