domingo, 7 de febrero de 2016


Una mirada sobre el diagnóstico psicopedagógico



Cuando recibimos un nuevo paciente, y especialmente cuando se trabaja con población vulnerable, es muy importante realizar una anamnesis (recogida de datos de salud, familiares y escolares desde el nacimiento a la fecha) lo más completa posible. Para ello es necesario generar un vínculo de confianza con la familia del niño con el que se trabajará, ofreciendo una escucha abierta y sin prejuicios. Indagar con delicadeza respecto de la historia de salud y crianza de ese niño, sobre la existencia de eventos que puedan resultar significativos (accidentes, enfermedades, dificultades en la alimentación, situaciones de riesgo, violencia, etc.) Toda la información que recabemos, formará parte del complejo rompecabezas que conforma el diagnóstico de ese niño con el que trabajaremos.

Los seres humanos no somos números ni respuestas estandarizadas. No se puede (ni se debe) pensar que aplicando una batería de test psicométricos, y analizando una serie de dibujos y gráficos bajo la luz de técnicas proyectivas, podemos extraer un perfil cognitivo y emocional de un paciente. Un individuo es su historia vital, sus experiencias de vida, sus vínculos de apego temprano, la sociedad en la que nació y se desarrolló, su temperamento, y las oportunidades que su entorno inmediato y mediato le ofrecieron, además de su sustrato biológico.

No es poco frecuente que un niño llegue a consulta catalogado como incapaz de aprender, o carente de ciertas capacidades cognitivas que le permitan escolarizarse adecuadamente.

Si bien es real que muchos niños tienen dificultades de aprendizaje, eso no implica que estén incapacitados para aprender. Todos podemos aprender, ¡siempre!. Los ritmos de aprendizaje pueden variar, la posibilidad de incorporar más o menos datos académicos puede ser diversa, la conveniencia de una escolaridad convencional o especial debe ser analizada de acuerdo a cada individuo; lo que no puede ser puesto en duda es la posibilidad de aprender.

Un gran número de niños provienen de ambientes con serias carencias económicas y sociales, otros de hogares donde les faltó afecto o estímulos adecuados, tantos otros se crían en hogares donde la violencia y el abandono son parte de su realidad cotidiana. Probablemente un gran porcentaje de estos niños obtengan calificaciones que los ubiquen como discapacitados intelectuales leves o moderados, pero ¿es este diagnóstico correcto o les hace justicia? La respuesta, la mayoría de las veces es: no. Es aquí donde la mirada clínica debe estar más atenta que nunca, la lectura de la situación debe ir más allá de lo que los números y las pruebas nos indican, y nuestro trabajo debe convertirse en un hacer artesanal y comprometido con ese paciente; trabajando sobre esa anamnesis inicial que nos dará información sumamente valiosa para comenzar a pensar nuestra intervención.

Develar ante ese niño sus posibilidades reales de aprender, acompañarlo en el proceso de descubrir sus habilidades y potencialidades, ser soporte y ayuda en ese tránsito por la  zona de desarrollo próximo tal como lo describe Vygotsky[1], alentar al niño para que se apropie no sólo de los aprendizajes, sino de la posibilidad de aprender, forman parte de nuestro rol como psicopedagogos. El trabajo conjunto con la escuela, con su docente y con la familia del niño, completan la intervención. En la medida en que se derriben etiquetas y se permita a ese niño desempeñar un nuevo rol, el problema de aprendizaje dejará de ser un problema, para ser sólo aprendizaje.



                                                                                 Psicopedagoga Beatriz Vallarino.



[1] http://www.orientared.com/articulos/vygotsky.php

jueves, 16 de octubre de 2014

Excelente blog sobre TIC utilizadas en, por y para la educación. No se lo pierdan! http://canaltic.com/blog/

Educando con TIC. Las tecnologías de la información y la comunicación como facilitadores.



Los invito a ver un Prezi que elaboré sobre las ventajas de incluir las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) en educación.

http://prezi.com/epylrefdb8hw/educando-con-tic/

jueves, 11 de julio de 2013


Algunos datos útiles a tener en cuenta a la hora de defender los derechos de las personas con discapacidad y sus familias:

Los términos rehabilitación y habilitación, comprendidos en la Ley 24.901 (Sistema de prestaciones básicas en habilitación y rehabilitación integral a favor de las personas con discapacidad), comprenden todas aquellas prestaciones que permitan la rehabilitación de la persona con discapacidad (fonoaudiología, psicología, traumatología, kinesiología, psicopedagogía, neurología, etc.), pero también aquellas prestaciones que hacen a la habilitación (recreación, natación, dibujo, patín, etc. y toda actividad que habilite el acceso y la inserción social de la persona con discapacidad y su pleno desarrollo).

A pesar de que casi ninguna obra social lo informa a sus asociados, la cobertura psicológica rige tanto para la persona con discapacidad como para su grupo familiar conviviente, sin límite de sesiones. ¡Sí, la obra social debe cubrir esa prestación de forma gratuita y sin límites para la persona con discapacidad y su grupo familiar conviviente!

Hay un artículo muy interesante en la Ley 22.431 Sistema de protección integral de los discapacitados que señala:

ARTICULO 5º — Las obras sociales y todos aquellos organismos objeto de la presente ley, deberán establecer los mecanismos necesarios para la capacitación de sus agentes y la difusión a sus beneficiarios de todos los servicios a los que pueden acceder, conforme al contenido de esta norma.

Es decir que las obras sociales deben capacitar a sus agentes y estos deben transmitirles a sus asociados toda la información necesaria para que sus derechos se vean cubiertos y protegidos. A prestar atención entonces, porque ante la necesidad de realizar un amparo, la omisión de la debida información al afiliado sobre sus derechos, puede ser usado a favor del afiliado y su reclamo.

La escolaridad debe ser cubierta por la obra social, sea la misma común o especial. La obra social debe cubrir cuota, matrícula y maestra integradora si así fuera necesario. La única justificación que deben presentar los padres es la falta de oferta pública adecuada (grupos reducidos, gabinete psicopedagógico permanente, accesibilidad edilicia, etc.) y la correspondiente orden de médico tratante como en cualquier otra prestación.

Todo lo expuesto corresponde también a las prepagas, eso se halla regulado en Ley 26682. Medicina Prepaga. Reglamentación.

Es importante conocer los derechos que asisten a las personas con discapacidad y a sus familias. La difusión de esta información, ayudará a que todos accedan a lo que necesitan y se alcance la tan ansiada igualdad de oportunidades.

Psicopedagoga Susana Beatriz Vallarino

(Información extraída de una charla brindada en ASDRA por el Dr. Diego Leandro Agüero el día 4/7/2013).

martes, 18 de junio de 2013


Sobre diagnósticos y escuelas…


Conversando con una docente, en ocasión de trabajar en la inclusión escolar de un niño con discapacidad, ésta me decía: ¿Sabés cuántos chicos tengo en mi sala sin diagnosticar, y a los que realmente les vendría bárbaro una integradora? (sic). Le pregunté a la docente a qué chicos se refería. Me señaló sin titubear a los más “revoltosos” de la sala, a aquellos que le “impiden” trabajar, que están en constante movimiento y desafían su autoridad.

Tras ese breve intercambio, me quedé pensando: ¿qué status otorga esta docente a un “diagnóstico”? ¿a qué se refiere al decir “chicos sin diagnosticar?...

No es la primera vez que (palabras más, palabras menos) escucho este enunciado de parte de docentes e incluso de personal jerárquico de las escuelas; y vuelvo a interrogarme: ¿qué certezas puede otorgarles un diagnóstico?  ¿la posibilidad de poner una etiqueta a conductas conflictivas? ¿quizás la tranquilidad de que haya una maestra integradora que “se haga cargo”? ¿que se haga cargo de qué?

Un diagnóstico puede decirnos muchas cosas sobre determinada patología, si es de origen genético o no, si es hereditaria, si afecta lo motriz, lo sensorial o lo cognitivo, si es evolutiva o no, etc. Pero poco o nada puede decirnos del niño en cuestión, un diagnóstico no puede decirnos si le gusta el color amarillo, o si su favorito será el violeta; tampoco nos dirá si le gustan las milanesas con puré y las tardes de lluvia. Tampoco nos dice si a ese niño le cuesta madrugar, si le disgusta pintar con témperas, pero ama los crayones. No nos dice cuál es su personaje favorito de la televisión, ni su canción preferida. Un diagnóstico tampoco brinda certezas de cuán inteligente, obediente, disruptivo, disperso, sociable o respetuoso sea ese niño, porque ello tendrá mucho que ver, también, con su temperamento, crianza, estímulos recibidos, etc.

Un diagnóstico implica un principio desde el cual comenzar a pensar, de ninguna manera es la respuesta.

Por otra parte, una maestra integradora no es “La” maestra del nene integrado, La Maestra es la maestra de la sala o del grado, la misma maestra de todos los chicos de esa sala o grado. La función de la maestra integradora es asistir al niño integrado en aquellas situaciones que lo demanden, realizar las adecuaciones curriculares, de acceso o de contexto, si fueran necesarias, y auxiliar a la docente en aquellas dudas pedagógicas específicas que pudieran surgir respecto de su trabajo con su alumno, porque el niño integrado es su alumno al igual que el resto de los alumnos de la sala o grado.

Respecto de aquellos alumnos que “necesitarían un diagnóstico” vale preguntarse varias cosas: ¿qué busca un niño que permanentemente se hace “ver” a través de sus acciones, ruidos, desafíos? Creo que esta pregunta se responde sola: busca hacerse ver, pero… ¿hacerse ver por quién? ¿para qué?. Me resuenan las palabras de una mamá refiriéndose a su hijito de 3 años: - No puedo manejarlo, es rey y señor porque si no los berrinches son insoportables. Y aquí, a mi entender, se conjugan dos cuestiones, la necesidad imperiosa de los niños de ser mirados, y la dificultad de muchos padres/madres/adultos en general, de poner límites, el límite amoroso que señala un borde y que contiene, aquel que al niño le da certezas y seguridad, el que lo protege.

Vivimos en un mundo vertiginoso, en el cual la inmediatez y lo efímero parecen marcar tendencia, donde hay que trabajar cada vez más para estar sobre “la ola”, un mundo que nos genera necesidades que ni siquiera sabíamos que teníamos. Y en medio de esa carrera, están los hijos, demandando todo el tiempo, pero… ¿qué demandan? Tiempo, ese que escasea cada vez más. Tiempo de jugar, de leer un cuento, de poner un límite y si es necesaria, una penitencia. Tiempo de escucha, de saber de sus preocupaciones, de sus alegrías y de sus tristezas, porque aunque estén en el jardín, ellos tienen cosas para contar, preocupaciones y alegrías que, para ellos, son lo más importante del mundo…

Quizás sea necesario repensar nuestras acciones, como docentes, como padres, como adultos en general. No buscar una respuesta en un diagnostico/el otro/el afuera, sino en la forma de pararse frente a ese niño, en lo que se le ofrece, en lo que se le pide, en lo que se le da. Correr nuestro foco de lo que hacen los chicos (tengan o no discapacidad) para interrogarnos sobre lo que hacemos nosotros respecto a ese/esos niños, y cómo lo hacemos. Puede que la respuesta esté más cerca de lo que creemos.


                                                               Psicopedagoga Susana Beatriz Vallarino.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Las personas con discapacidad intelectual y su envejecimiento



El envejecimiento, es una etapa natural dentro del desarrollo evolutivo de todos los seres humanos. Sin embargo, en el caso de las personas con discapacidad mental, este periodo va a presentar características particulares, que le son propias.
Estas características van a estar determinadas, en un pequeño porcentaje, por cuestiones biológicas derivadas del diagnóstico médico de estas personas, y en mayor medida por factores socio-culturales, sanitarios, vinculares y educativos.  

Como siempre, la prevención es la mejor opción, ya que se garantizará una mayor calidad de vida, teniendo en cuenta aspectos como el bienestar emocional, las relaciones interpersonales, el bienestar material, el desarrollo personal, el bienestar físico, la autodeterminación, la inclusión social y el ejercicio de los derechos,  lo cual se halla contemplado en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y su protocolo facultativo.

Se presenta en las personas con discapacidad intelectual una paradoja. Así como en su infancia, adolescencia o juventud, “demoran” mucho más que sus pares no discapacitados en progresar y alcanzar los hitos del desarrollo evolutivo esperables a cada momento cronológico (algunos no los lograrán nunca), envejecen mucho más rápido y se deterioran intelectualmente con mayor facilidad.
Es por esta razón, que a partir de los 45 años aproximadamente, es sumamente beneficioso que la persona con discapacidad cuente con acceso a diversas actividades que estimulen su intelecto, su desarrollo personal, y que la mantengan activa física y mentalmente.
Algunas actividades a considerar serán: talleres de arte, danza, expresión corporal, educación física, música, estimulación cognitiva, etc. Por supuesto, contemplando las preferencias de la persona con discapacidad, dado que estas actividades deberán representar un espacio de placer y realización personal y no una obligación impuesta por otros.
Por otra parte, la constitución de redes de sostén afectivo y social se tornará imprescindible para asegurar el bienestar psico-emocional de estas personas. Estas redes estarán conformadas por sus familias, sus amistades y por lugares de pertenencia tales como grupos de pares en centros de día, iglesias, asociaciones, etc.
Un entorno que ofrece estímulos y actividades saludables ayudará a impedir o retardar el desarrollo de la apatía y la inmovilidad.
El aislamiento y el retraimiento alientan el deterioro y aminoran los intereses. Desgraciadamente, todas aquellas habilidades que se pierdan por falta de estímulo o atención, difícilmente se recuperen después.
Así mismo, el acceso a una atención médica de calidad, a terapias ocupacionales y/o de rehabilitación, permitirán sostener en el tiempo un estado de salud óptimo.
No menos importantes serán las actividades de recreación y esparcimiento, especialmente aquellas que impliquen compartir tiempo con sus seres queridos, que fomenten los vínculos afectivos y reaseguren la estabilidad emocional de las personas con discapacidad. Se incluyen en estas actividades: festejos y reuniones familiares, salidas a eventos culturales y/o recreativos, viajes y/o paseos con integrantes de la familia o amistades.
La inclusión social y afectiva contribuirá a la salud psíquica y a la prevención de trastornos de conducta de las personas con discapacidad mental.

El envejecimiento de la persona con discapacidad intelectual, no debería diferir demasiado del envejecimiento de sus pares sin discapacidad sí, como se mencionara con anterioridad, se toman medidas salutogénicas con respecto a su futuro.

Por último, no se debe olvidar lo que señala la OMS (Organización Mundial de la Salud) con respecto a la definición de discapacidad:

…” La discapacidad es un fenómeno complejo que refleja una interacción entre las características del organismo humano y las características de la sociedad en la que vive”…

Aquello biológicamente determinado (la discapacidad intelectual en este caso), incidirá, en mayor o menor medida, en el bienestar de la persona con discapacidad de acuerdo a los apoyos con los que cuente. Acceder a la asistencia que le asegure un desarrollo pleno es un derecho que tienen las personas con discapacidad. Proveérsela, es una obligación que tenemos todos los que conformamos ésta sociedad.
 
                                              Psicopedagoga. S. Beatriz Vallarino.



Bibliografía:
 
* Rodriguez, P.; Carpintero, A. y otros. Discapacidad y envejecimiento. Escuela Libre Editorial. Madrid, 2003.
* http://www.who.int/disabilities/world_report/2011/es/index.html.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Maestros/as Integradores/as. La importancia de su rol



¿Qué es una maestro/a integrador/a (MI)?

Se trata de profesionales formados en salud mental y en pedagogía que acompañan al niño, adolescente o joven con discapacidad dentro del ámbito escolar, favoreciendo y facilitando el aprendizaje y la inclusión social de estos alumnos dentro del sistema educativo común.

¿Quiénes pueden desarrollar esta tarea?

Psicopedagogos/as, Maestros/as de Educación Especial, Psicólogos/as (que hayan cumplimentado formación pedagógica), Terapistas ocupacionales.

¿Cuál es su rol?

Su rol, sumamente importante en la escolaridad de los niños, adolescentes y jóvenes con discapacidad, será el de acompañar al estudiante en su inserción escolar, adecuando pedagógicamente contenidos escolares (adecuación curricular) en el caso de ser necesario, y facilitando y estimulando la conformación de vínculos sociales dentro del ámbito escolar que trasciendan los muros del mismo.
* Actuará como fuente de información para el docente del aula, tanto en lo referente a las características específicas del niño a integrar, como de los recursos pedagógicos necesarios para lograr los mejores resultados en su escolarización.
* Se encargará del seguimiento y evaluación permanentes del caso.
* Llevará a cabo reuniones periódicas con el equipo escolar y con terapeutas externos del niño, con el fin de aunar criterios de acción.
* Realizará informes regulares en los que se fijen objetivos a cumplir y estrategias que utilizará para alcanzarlos. 
* A fin del año escolar, emitirá un informe final en el que se asienten claramente objetivos cumplidos y aquellos ítems en los que se necesita continuar trabajando.


Las adecuaciones curriculares pueden ser de acceso:


Implica todas las modificaciones de acceso al contenido escolar, no así al contenido en sí mismo.

Por ejemplo:

En el caso de dificultades visuales y/o motrices:

·        *  Aumentar el tamaño de la letra del material impreso ofrecido al estudiante con dificultades visuales.
·         * Ampliar el espacio en el cual el estudiante va a escribir su repuesta en el caso de dificultades motoras.

En caso de dificultades en la memoria o en la atención:

·         * Fichas de paso a paso en caso de problemas de memoria.
·         * Se asigna la tarea por partes, con indicaciones claras y concretas en casos de labilidad atencional.

El o la MI prestará atención a:

·         * La conformación de grupos de trabajo que actúen de facilitadores para el niño, adolescente o joven integrado.
·         * La ubicación en el espacio áulico, de modo tal que favorezca la participación, el acceso al material de trabajo, y disminuya, lo más posible, los distractores (visuales o auditivos) que pudieran interferir en el aprendizaje.
·         * Situaciones que puedan derivar en acoso escolar (bullying), en las cuales actuará de mediador/a.
·         * La necesidad de solicitar adecuaciones edilicias y/o de equipamiento que aseguren al estudiante el pleno acceso a las actividades y aprendizajes. 


Pueden ser adecuaciones curriculares de contenido:


Comprende todos los cambios que se hagan en los contenidos escolares y/o en la planificación.

Estos cambios pueden involucrar:

·         * Disminuir la cantidad de contenido a aprender (se trabaja sobre los contenidos mínimos de cada asignatura).
·         * Bajar la exigencia académica para la acreditación escolar.
·         * Modificar la metodología de evaluación (por ejemplo: en lugar de ser escrita, que sea verbal).
·         * Eliminar y/o readecuar algunos contenidos, modificando al mismo tiempo el modo de certificación de los aprendizajes (título diferenciado según modalidad escolar de cada lugar).


Además de lo enumerado anteriormente, los/las MI, trabajarán estimulando la autonomía del alumno tanto en lo académico como en lo social.

Esto incluye:

·         * Ser el referente del alumno en todo momento. Para ello, el o la MI deben conocer a fondo las necesidades específicas del alumno con el que se hallan trabajando. Ser profesionales respetuosos del alumno y su familia. No prometer lo que no puedan cumplir. Ser consecuentes con sus palabras, y sobre todo, poner mucho amor en su tarea.
·         * Acompañarlo en los procesos de aprendizaje de higiene personal.
·         * Estimular la autonomía a la hora de quitarse o colocarse abrigos, calzado, mochila, búsqueda de útiles escolares, etc.
·         * Actuar como facilitador en el establecimiento de relaciones interpersonales con pares y docentes, propiciando experiencias que le permitan al alumno interactuar con otros. Al paso del tiempo, es importante que se permita al niño, adolescente o joven interactuar solo, respetando su intimidad e independencia.
·         * Actuar como fuente de información para el docente del aula, tanto en lo referente a las características específicas del niño a integrar, como de los recursos pedagógicos necesarios para lograr los mejores resultados en su escolarización.
·         * Realizar el seguimiento y evaluación permanente del caso.
·         * Llevar a cabo reuniones periódicas con el equipo escolar y con terapeutas externos del niño, con el fin de aunar criterios de acción.
·          * Conversar con el estudiante, previo a un intercambio en clase, para ayudarlo a organizar su discurso, estimulándolo a participar activamente de la clase y actuando de apoyo sólo si lo necesita (dar tiempo a que verbalice lo que quiere decir, aún cuando se trabe un poco y el o la MI sepa lo que quiere decir).
·         * Actuar como auxiliar organizador, ayudando al estudiante a llevar una agenda de sus actividades escolares (y sociales en caso de ser necesario), para evitar olvidos y/o confusiones.
·         * Conocer o capacitarse en el uso de sistemas aumentativos de la comunicación en caso de que el niño, adolescente o joven con el que trabajan lo requiera.

                                                 Psicopedagoga S. Beatriz Vallarino.