Durante muchos años, la culpa se ubicó en el niño o el adolescente, a lo sumo en su familia. Frases como "Tiene problemas de atención o de comprensión, quizás ésta escuela es mucho para él/ella", "Los padres trabajan todo el día y no le prestan atención", "Viene de un ambiente poco favorable", "Es vago/a, no le gusta estudiar"... forman parte del folclore escolar y aún hoy podemos escucharlas.
De modo casi rutinario se aplicaron baterías de test de forma indiscriminada, para certificar que la “falla” estaba en el alumno.
La pregunta es: ¿realmente la causa del no aprendizaje o del fracaso escolar están en el niño o el adolescente y su familia? ¿La escuela que rol desempeña en esta situación?.
Si bien es cierto que un ambiente estimulante y con acceso a experiencias precursoras de la alfabetización (material escrito, adultos que leen y les leen a sus hijos, papel y lápiz para dibujar, etc.) son muy importantes a la hora de facilitar una inserción escolar exitosa, no es el único factor.
Una familia que acompaña al niño en sus aprendizajes, que lo apoya y estimula es primordial, pero tampoco alcanza por sí sola.
La escuela tiene gran responsabilidad en el proceso de aprendizaje de sus alumnos, y en el mayor o menor éxito que estos obtengan. Es indispenable que conozca a su alumnado, y pueda adecuar su práctica a sus necesidades, revisando, evaluando y/o modificando aquellas acciones que generan exclusión escolar.
La escuela debe reflexionar sobre su propia práctica, porque el fracaso escolar es responsabilidad de la institución escolar.
En un mundo como el actual, definido por cambios vertiginosos y exigencias constantes, un niño, adolescente o joven excluido del sistema educativo, verá dramáticamente reducidas sus oportunidades de progreso a futuro. La escuela no puede permanecer indiferente ante esta realidad. Dentro de su seno debe haber lugar para todos, y todos deben formar parte de ella.
Psicopedagoga S. Beatriz Vallarino
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